jueves, 16 de mayo de 2013

“oye, Judas, ¿tienes algo suelto, que no me llega para pagar la cena?” Jesús de Nazareth





Sabíais que a este señor le tenía que tocar tarde o temprano. No voy  a perder el tiempo diciéndoos quién fue o qué narices hizo, porque si no lo sabéis, o bien habéis estado durmiendo durante 2000 años más o menos (en el caso de que seáis inmortales (no os habéis perdido gran cosa)), o bien pertenecéis a una tribu de esas de Oceanía, de África o del Amazonas que viven aisladas de la civilización. En esos dos casos quedáis disculpados.

Lo que sí voy a explicar es lo que no se cuenta de la última cena. Resulta que Jesús se entretuvo jugando a la taba y cuando se quiso dar cuenta era ya muy tarde y había quedado a cenar con los colegas (invitaba él porque le había salido un curro).  Se dio una ducha rápida y salió como alma que lleva el diablo (curioso este dicho aplicado a esta persona), pero se olvidó coger dinero.

Se dio cuenta cuando, a la hora de pagar, vio que no le alcanzaba y tuvo que pedir prestado a Judas (Iscariote, que fue el traidor, porque entre los colegas había otro, Judas Tadeo), le daba la impresión de que él podría tener dinero, aunque no sabía muy bien por qué ya que Pedro, que se lo olía, ya había salido por patas.  Cuando judas se negó, Jesús dijo: “Pero tío, mira cómo me están mirando los dueños, parece que me quieren crucificar” y es lo que tiene ir a un restaurante Italiano (romano, en aquella época).

El resultado de todo aquello es que Jesús aquella noche acabó lavando platos (además de pies, que fue el castigo por llegar tarde a su propia cena) antes de poder ir de botellón al huerto de los olivos. Al final la noche se desmadró tanto (alerta spoiler) que, como él mismo había vaticinado,  Jesús acabó crucificado.


jueves, 9 de mayo de 2013

“El fútbol es el opio del pueblo" Karl Marx




Karl Marx, Reino de Prusia 1818 - 1883, es decir murió a la temprana edad de -65 años (este chiste no es mío, pero mi subconsciente me ha amenazado con un cuchillo para que lo pusiera) en Reino Unido. 

Fue un filósofo, intelectual  alemán de origen judío y los suyos no lo querían porque era pobre (no he podido resistirme) ( por otra parte, de la que se libró por un siglo ) con una  vasta e influyente obra en la que trató  materias como la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; además fue periodista  y  político. Junto a Friedrich Engels (nadie se acuerda nunca de él, pobree), es el padre del socialismo científico, el comunismo moderno y el marxismo.

El caso es que estaban Engels, unos colegas y él en un bar,  viendo un partido del Arsenal y tras observar que la gente se olvidaba de sus problemas diarios y empezaba actuar como monos sin seso y que quitarían de comer a sus propios hijos por pillar una entrada, dijo: “El fútbol es el opio del pueblo”. 

Tras oírlo, unos hooligans se giraron hacia él con gestos amenazantes y miradas asesinas y preguntaron: “¿qué has dicho?” 
Él contesto: “¡LA RELIGIÓN! La religión es el opio del pueblo”. 

La frase (que también es bastante acertada) se quedó así definitivamente  y él se libró, pero por muy poco.




miércoles, 8 de mayo de 2013

“Perdoooooooón"



Me gustaría pedir perdón por estos meses que he estado sin publicar nada, pero la sequía creativa ha sido larga :(  y dura y seca y árida y dura y polvorosa y dura y.... bueno os podéis imaginar.

Por otra parte me congratulaaaaaaaaa poder anunciarooooooos que vuelvooooo a la cargaaaaaaa (como diría el dalai lama o al menos el doblado en el informal, aquel programa que algunos recordaréis y de lo poco bueno que había y ha habido en cierto canal de cuyo nombre no quiero acordarme, pero por el culo se la hinco).





miércoles, 5 de diciembre de 2012

“¡Mira cuanta gente haciendo el indio! ¡vamos a acercarnos a ver qué pasa!” General Custer




George Armstrong Custer  fue un oficial de caballería del Ejército de los Estados Unidos que participó en la Guerra de Secesión y en las Guerras Indias. Fue un militar orgulloso y un mal matemático, considerado por sus detractores como un buscaglorias. Sin embargo, los soldados a sus órdenes lo consideraban un gran líder, casi un héroe.

El 25 de junio de 1876 murió junto a 210 de sus hombres del famoso 7º de Caballería en la batalla de Little Big Horn, que lo enfrentó a las tribus comandadas por el jefe indio sioux Caballo Loco (no, no tenía encefalopatía espongiforme como las vacas, era un nombre que le debieron poner por ser una persona tranquila, calmada, meditativa y sensata).

Los exploradores de Custer identificaron lo que les pareció un gran campamento de gente haciendo el indio cerca del curso del río Little Big Horn. Además de sus 210 hombres Custer contaba con otros 401 soldados más que no dudó en lanzar contra los 3000 individuos (calculó, así a cholón, que 611 eran más que 3000) que había en el campamento pensando que eran una panda de rojos, masones y titiriteros o gente del 15M y que resultaron ser una coalición de auténticos indios sioux y cheyennes.

Los indios utilizaron una maniobra llamada tenaza (y que es algo militar que no tiene nada que ver con el sexo) dividiendo a las tropas de Custer de forma que pudieron recuperar armamento y munición de los soldados caídos, así el fuego indio crecía de forma proporcional al ritmo con que decrecía la capacidad de fuego de Custer (para que os lo penséis dos veces si alguna vez os metéis con un indio, son más listos de lo que parece y no sólo fuman pipas y entierran hachas y encima te matan con tus propias armas).

Custer y los escasos supervivientes dispararon a sus monturas para utilizarlas como trinchera (probes caballitos, porque lógicamente no montaban vacas y como esto no es el WOW tampoco montaban lobos). Los indios lanzaron una última carga sobre el promontorio en el que se encontraba esa trinchera tan sanguinolenta,  eliminando hasta el último soldado (y con esto queda demostrado de que 3000 tíos son más y pegan más que 611, Custer suspendió el examen de mates ¡y de qué manera!).


viernes, 30 de noviembre de 2012

“Pienso, luego… Voy a dar de comer al perro” Descartes




René Descartes,  también llamado Renatus Cartesius, fue un filósofo, matemático y físico, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, y uno de los nombres más destacados de la revolución científica. Nació en Francia en 1596 y murió Suecia en 1650 (se iría allí por las suecas, porque dudo que fuera por el clima).

Como la de la mayoría de los filósofos su obra es extensa y aburrida (¿por qué les gustará tanto pensar?) así que si queréis conocer su obra, lo mejor es la Wikipedia, así en plan cutre y si no, pues leed sus libros.

No obstante (porque no obsta, ni a un premio, ni a nada parecido... ¿o eso era optar? Bueno, yo que sé), la ocurrencia que hoy nos ocupa tiene que ver con una de las proposiciones más famosas de la filosofía: “Pienso, luego existo”, que fue fruto de sus meditaciones metafísicas y que llamó la primera verdad.  Y tan orgulloso estaba de ella que la repetía en cuanto podía o hacía variaciones que tenía que meter con calzador si hacía falta. El colmo de esta costumbre fue un día que venía de comprar y un amigo le pregunto: “¿Qué llevas ahí? ¿dónde vas?” y saltó con esta genialidad.

El amigo le dejó de hablar, por pesado y por ese sentido del humor absurdo que hace que la gente te odie. El perro tenía comida, así que le seguía queriendo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

“¡Ahora ya puedo salir de aquí!” Walt Disney.




Si a estas alturas de la vida necesitáis que os explique quién fue Walt Disney es que nunca habéis sido niños, o eso o habéis tenido una infancia muy dura… ¿Cómo lo hicisteis para sobrevivir sin tele?
Bueno, pues para aquellos de vosotros (los raritos) que necesitéis la aclaración os diré que Disney fue un señor que nació en 1901 y dedicó su vida a traumatizar a varias generaciones de niños (si no, los que lo conozcáis, recordad a la madre de Bambi) con sus películas de animación.

Murió de cáncer de pulmón en 1966, aunque existe la leyenda urbana de que Disney, pocos minutos antes de morir, fue introducido en una cámara y fue congelado a bajas temperaturas para que cuando la ciencia avanzara pudiera ser resucitado y sanar su pulmón enfermo.

Pues bien esto resultó ser verdad, y así cuando su compañía compró Marvel, Disney se frotaba las manos (tenía frío) pues ya tenía el secreto de los poderes de Lobezno y su cáncer podía ser curado. La siguiente parte de su maquiavélico plan era adquirir Lucasfilm y no fue para hacer MÁS dinero sobrexplotando Star Wars, no,  su intención fue desde un principio hacerse con el secreto de la carbonita y así poder ser descongelado como Han Solo. Así fue como, una vez realizada la transacción, Disney se sintió satisfecho y expresó la cita que le ha valido su aparición en este blog.

A título personal y dejando de lado a nuestro personaje de esta semana, preparaos para que en la próxima entrega de Star Wars aparezca un planeta de Mickie mice (el plural de mouse en inglés)  y que alguno sea jedi… O eso o se vuelven a cargar a la madre de Bambi.